2 de agosto de 2017
Perú 2016: Ruido, Silencio. Capítulo 3: El pesaje
"Disfruta de la cena porque es lo único que te vas a llevar de este viaje"
Perú 2016: Ruido, Silencio. Capítulo 3: El pesaje

Tercera entrega de la crónica sobre la Final Internacional 2016, en Lima. Los gallos calientan el ambiente.

Por Juan Ortelli


 

Unos meses antes de la Internacional, en una cena durante la convivencia de los días previos a la Nacional en Valencia, Skone y Chuty habían empezado a bromear entre sí, tirándose uno al otro cosas en plan: “Buah, disfruta de la cena porque es lo único que te vas a llevar de este viaje”. Era la final de Batalla de los Gallos de España, y en la mesa también estaban BTA, Kensuke y FJ, otros freestylers, que rápidamente se sumaron. Todo fue en el marco del humor y la buena onda, y se divirtieron, como si se tratara un poco de un sketch cómico; de alguna forma, ese juego interno les sirvió para quitarle un poco de peso y tensión a ese estado de competencia en el que estaban metidos. Cuando la cena terminó, lo llamaron “el pesaje”.

Aquella vez había sido entre gente que se tenía confianza, se veía regularmente en eventos y se lo estaba tomando bien, riéndose, pero cuando Skone y Chuty llevaron su experimento social a la internacional de Perú, el resultado fue muy diferente. Empezó una guerra psicológica. 

Primero, la cosa era Latinos vs. Españoles. Y en esa discusión, los latinos hacían masa crítica: arriba del escenario, el power trío Arkano-Chuty-Skone era el equipo por país más numeroso; pero abajo, era la “monarquía española” y tenía que soportar el peso de trece latinos con diferentes acentos y slangs, atacando desde todos los ángulos. 

Papo y Aczino fueron los primeros en entrar en la onda del pesaje. Era como si a su juego los hubieran llamado. El día previo a la Internacional, durante el almuerzo en un restaurante de ceviche y comida típica del centro de Lima, no paraban de provocar a Skone, Arkano y Chuty. Papo contó con los dedos: eran tres, además de Mbaka (el histórico host de BDLG), DJ Verse y el youtuber de batallas español Kapo013, un ex freestyler que iba a ser el comentarista de la edición. “Che, son seis”, siguió Papo con su acento argentino. “Consigansé cinco más y hacen un equipo de once.”  

Todos se rieron. A Chuty lo trataban de “acomodado”, por haber llegado acá a través del voto online del “segundo hombre” (entre los subcampeones de cada país); aunque curiosamente el blanco fundamental de los ataques era Skone, que había cometido un error algo torpe: comentar a viva voz que alguien le había prometido un “asado de verga”, por no decir “de la hostia”, sin darse cuenta de que acá decir “verga” es lo mismo que decir “pene”, y pedir un asado de verga, bueno… pobre Skone.

“A todo el mundo ya le gustó hacer un poco la guerra psicológica”, recuerda Chuty sobre el pesaje en la Internacional, que no sólo calentó la batalla: la llevó a su punto de ebullición. “Las comidas y las cenas fueron más batalla que lo que vimos después.”

En el bus, ya de regreso al hotel, Arkano se sienta solo y yo me apuro a sentarme con él. Entre los freestylers se dice que su récord Guinness de 24 horas rapeando, hace apenas dos semanas, ha sido un gran desgaste para él. De hecho, Arkano batió el récord y, de ahí, se fue a dar un recital que tenía pactado con anterioridad en otra ciudad española. Pero los que dicen que Arkano viene un poco gastado, agotado por lo del récord, tal vez no se percatan del entrenamiento que ha significado para él. Después de todo, por algo Arkano es el último campeón internacional. 

-Venís a defender tu título y por el bicampeonato internacional –le digo–, pero llegas con el récord.

-Claro, llego con mi carta de presentación –responde Arkano.   

En las manos, apoyado sobre sus piernas, tiene una copia del libro que acababa de editar, Asalto al vacío-¿Cómo he llegado hasta aquí? Le pido que me cuente de qué se trata. A mediados de los 2000, Arkano había creado uno de los primeros portales sobre batallas de freestyle en España (quienimprovisa.com, una página web que llevaba junto a un amigo), con crónicas y entrevistas, y en el libro vuelve un poco a eso, contando su historia de vida a través de –valga la redundancia– su vida en las batallas, desde sus primeros cara a cara hasta conseguir el título internacional en Chile, en 2015. Pero también tiene una tercera dimensión, un subtexto cercano a la autoayuda para adolescentes. 

Arkano parece más realizado por esa parte de su libro. Me cuenta uno de los capítulos, el séptimo, que se titula “Cinco garbanzos”. Resulta que un día volvía de rapear en el skatepark de Alicante, su ciudad, en el auto de Ferry, conocido como Absurdo Pavo entre los freestylers de aquella época (ambos grabaron en el compilado de Aaron Beats), cuyo estilo incorporaba el humor absurdo. En un momento del viaje, Ferry le preguntó a Arkano si era feliz. Una pregunta simple, en apariencia. Al ver que Arkano no respondía con seguridad, le recomendó tomar cinco garbanzos y ponerlos en su bolsillo antes de salir cada mañana. Frente a cada cosa por la que pudiera agradecer, cada detalle o situación que lo hiciera verdaderamente feliz, la premisa era que cambiara un garbanzo al otro bolsillo. Así, todas las veces que le pasara algo que lo hiciera feliz. Al final del día, tenía que anotar en un cuaderno cuántos garbanzos tenía en cada bolsillo, y si había cambiado de bolsillo alguno, por qué lo había hecho. “Así podrás ver en cualquier momento de un vistazo todas las cosas por las que te has de sentir agradecido”, le dijo Ferry, según cuenta Arkano en su libro. “O, lo que es lo mismo”, continuó Ferry, “todos los factores que han sido las causas de lo más importante que tienes: tu felicidad”.  

Cuando terminó, me dijo: “Te recomiendo probar esta técnica”. Y concluyó, en tono de confidencia: “A veces llevamos meses sintiendo un dolor en alguna parte y ni siquiera somos capaces de darnos cuenta de que algo nos duele”.  

De pronto Arkano me pidió que me corriera, necesitaba ir al baño: llevábamos una hora de viaje y el gran campeón se estaba por orinar encima. 

Al atardecer, cuando ya estaba cayendo la noche, fue la prueba de sonido. Hay un fragmento en YouTube: en una batalla “de prueba”, para checkear el sonido y probar el escenario, Aczino no tarda nada en tirarle con todo lo que tiene a Skone, que logra darle vuelta varios punchlines con gracia y Hampper, uno de los jurados, que está filmando esto junto a otros testigos más, en broma pide réplica. 

A la vuelta de la prueba de sonido, Papo y algunos más han empezado a decir que Skone destrozó a Aczino, el gran favorito de los especialistas y los viejos fans para mañana. Sentado en un sillón del lobby, como ajeno a todo, está Ciudadano, el representante de Cuba. Ayer, mientras todos cenábamos una BBQ en la terraza de las oficinas de Red Bull, él se quedó todo el tiempo que pudo abajo, frente a una de las computadoras, conectado a Internet. “Prefiero estar acá”, me dijo cuando le pregunté por qué no subía.

En Cuba, Ciudadano no tiene esa clase de acceso ilimitado a la web ni vive hiperconectado como el resto de los que estamos acá. Hasta antes de llegar a Lima, nunca había oído hablar de flow, métrica o calambur. No había siquiera escuchado nombrar esas palabras, mucho menos sabía su significado. Cuando lo encontré frente a la computadora estaba mirando videos de batallas viejas, tratando de actualizar una década de competición en un par de horas, y aprendiendo un montón de palabras y conceptos nuevos. 

La diferencia abismal entre Ciudadano y el resto es tan abrumadora como si despertáramos a un freestyler dormido hace diez o quince años y lo pusiéramos a competir ahora en una Final Internacional. En un punto, causa un poco de ternura. 

Pero de pronto, Skone lo ve ahí a Ciudadano, sentado tranquilo afilando sus flechas, en su propio planeta, e igual lo convierte en una de las víctimas colaterales del pesaje. “Sí, sí, sí…”, le dice, sin motivo. “Tu te estás aquí metiéndote con todo el mundo, pero como yo te coja mañana tu intenta perder con la máxima dignidad posible.” El cubano queda desencajado.

A esta hora, las cosas ya están en un punto de no retorno y Skone lo sabe. Ha sido el más activo en el pesaje, vacilando a todos los demás, disparándole al favorito en la prueba de sonido, y se ha puesto a sí mismo toda la presión posible. “Hostias, estoy diciendo esto en público, ahora tengo que cumplir”, piensa mientras toma el ascensor y sube a su habitación, para irse a dormir. Le ha prometido una paliza para mañana a todos, incluido el competidor con menos posibilidades del torneo. Ahora, si no cumple con su palabra va a quedar como un payazo

Ha llegado el momento de dejar de hablar.

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Acabas de leer el tercer capítulo de Ruido, Silencio. 

Capítulos anteriores:
Capítulo 1: Local vs visitante
Capítulo 2: Skone

 

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