27 de julio de 2017
Perú 2016: Ruido, Silencio. Capítulo 2 Skone
“La vida es levantarse todo el rato, porque hay gente que no tiene esa posibilidad”
Perú 2016: Ruido, Silencio. Capítulo 2 Skone

Llega la segunda entrega de Perú 2016: Ruido, Silencio, la crónica de la Final Internacional de Perú 2016. Aquí tienes el capítulo 2.

Por Juan Ortelli


 

Aunque en las batallas suelen presentarlo como “un gitano 120 por ciento”, Skone no es gitano en verdad. “Ese es un poco el cliché que se hace de mi”, dice él. Lo cierto es que Skone se crió en el Bloque León, un suburbio marginal de Málaga (España) donde su familia convivía con muchas otras de clase trabajadora, entre ellas muchas de etnia gitana, y en su casa sonaban Danza InvisibleEstopa (“Estopa es como mi base musical en la vida”), y su madre siempre estaba cantando flamenco, porque vivían ahí, pero sobre todo para mantener el humor mientras pasaban una situación muy dura en casa.

Skone tenía un hermano gemelo. Eran idénticos, pero la realidad no era igual para los dos: a diferencia de él, su hermano nació con parálisis cerebral. El padre de Skone salía a juntar chatarra y cartón a la calle para pagar los medicamentos de su hermano y la comida de los cuatro, mientras su madre se quedaba en casa a cuidar de los niños.

Vivieron así 14 años, hasta que su hermano, que llevaba meses sedado, finalmente se quedó dormido y murió. Durante ese tiempo, Skone, que se llama José Miguel (sus íntimos le dicen “Chemi”), aprendió muchas cosas. “Aprendí, primero, la parte mala de la calle”, dice. Vio a muchos de sus amigos del barrio hacer cosas “muy feas”, pero él sabía que en su casa había un problema de verdad y se daba cuenta de que su padre jamás tomaba la salida fácil. “Mi padre no vendía droga, mi padre no se metía en problemas. Mi padre era un trabajador”, dice. Eso lo marcó. “Desde siempre tuve muy claro que si mis padres, pasando por lo que estaban pasando, en un barrio de mierda, con una situación horrible en casa, eran luchadores… Yo tenía que luchar. Siempre.”

La muerte de su hermano fue dura para toda la familia, pero en cuanto a Skone, se había roto su espejo en el universo y detrás parecía revelarse una última enseñanza. “Cuando murió mi hermano aprendí que yo era el que tenía la suerte”, dice.

Se mudaron de barrio al Puerto de la Torre, y poco tiempo después empezó a ir a rapear al Parque Picasso, en el centro de Málaga. En YouTube hay algunos videos de sus primeras batallas ahí, con no más de diez espectadores, pero a Skone no le gusta verlos. “Me da un poco de vergüenza el joven Skone”, continúa. Sin embargo, ahí ya puede notarse esa chispa, esa gracia especial que le dio estar en contacto con la calle desde tan pequeño. Es un rasgo que lo define, y que con el tiempo se ha ido transformando en un estilo. Skone es directo para rimar, de punchlines agresivos y respuestas directas y automáticas, como haría –justamente– un chico con calle.

Su estilo dejó una marca profunda en la primera generación de freestylers que surgieron de Batalla de los Gallos, cuando se convirtió en uno de los primeros competidores en hacer un planteamiento de batalla más parecido a lo que vemos hoy, al transformar un cruce con Invert en la nacional española de 2009 en un asunto personal (muchos todavía recuerdan aquello de: “…Y no pegues gritos, que no te he metío la polla todavía”). 

“Te prometo que llevaba cinco años de participación”, dice  ahora, en Lima, sobre todos sus intentos de ganar la nacional española, “pero es verdad que es el primero en que he pensado: ‘Este año gano, seguro’”. En 2016 se apuntó en la regional de Almería. Esa clasificatoria era abajo del Cable Inglés, un spot insuperable que parecía sacado de un videojuego: una antigua estructura de hierro, construida bajo la supervisión de Gustave Eiffel, que conectaba la estación de trenes con el puerto y funcionaba como cargadero de minerales para los barcos a comienzos del siglo pasado. Ahí, bajo esas vías flotantes, Skone se paró y anunció a toda voz que venía “por el oro”.

Entonces le dio una paliza a todos sus rivales, terminando con Elekipo en la final. Así fue como llegó a la nacional española, que ese año se disputó en Valencia y donde Skone tuvo que enfrentar a Soen y a Errecé, los dos locales, además de dejar en las puertas del bicampeonato a Chuty, que ahora está escuchando la entrevista sentado en una máquina para hacer pecho, apartado y mirando el móvil haciendo como que no escucha. “Fue como: ‘Dios, me lo he pasado en modo Leyenda al juego’, ¿sabes?”, se ríe Skone. “Ha sido complicadísimo, tío.”

Antes de venir a Perú, Skone y Chuty visitaron las oficinas de Red Bull en España, donde les mostraron las métricas y una serie de estadísticas de BDLG, el lugar donde tiene más fans cada gallo y otras cosas. “Yo creo que mañana por Jota se van a inclinar un montón, pero tengo la esperanza de que se van a portar bien”, dice Skone. “A mi llevan muchos años llegándome mensajes de apoyo de Perú, así que confío en que un pequeño sector peruano haga el mismo ruido que el resto y que se equilibre un poco.”

 

***

 

Hasta hace unas pocas semanas, Latinoamérica era un misterio para Skone. La primera vez que salió a competir fuera de su país fue para la última final mexicana de BDLG, donde fue jurado, y durante esa misma visita compitió en BDM Pandillas, una exhibición 3 vs. 3 de Batalla de Maestros en team con BTA y Errecé, contra Aczino, Dominic y RC. Durante un momento frente a frente con Aczino, el mexicano le advirtió en vivo que en Perú nadie le iba a entender una de sus muletillas más famosas (“Pintamonas”), que en Latinoamérica no gustan los chistes y se prefiere el control, y de paso –tras una rima en la que Skone le decía que Aczino en Perú lo iba a tener que aplaudir desde abajo del escenario– le sembró un enigmático: “¿Aplaudiendo tu victoria?/Hay sorpresas este año, ¡puede ser otra historia!”

Fue ahí mismo que Skone se enteró de que uno de sus rivales en la final internacional sería Aczino. En varias entrevistas, el mexicano había dicho que no participaría ese año, y lo siguió negando cuando bajaron del escenario y Skone le preguntó si era verdad. Entonces, Skone pensó: “Cabrón, no me tengas tanto miedo”. Y luego sintió una extraña alegría: si iba a viajar tantos kilómetros para competir, al menos que fuera contra los mejores, ¿no les parece?

México fue aleccionador para él. “Fue una experiencia muy guay, porque le tomé un poco la medida a Latinoamérica y le perdí el miedo”, dice, “porque yo iba un poco como ‘veré qué hago’ y tal, y vi que también molaba lo que yo hacía”.

Sin embargo, Skone sabe que para ganar acá en Perú todavía tiene que hacer ajustes en su estrategia. Desde que ganó en España lo han acusado de ser un “falso campeón” y de tener un estilo muy regionalista, con un perfil no apto para volverse un guerrero de exportación. “Evidentemente yo tengo que cambiar esa perspectiva”, dice sobre sus rimas con chistes y slang español. “No puedo venir aquí a hablar de los presidentes de España, porque no me va a entender nadie.”

Igual está muy seguro de sí mismo. La confianza de Skone radica en su puesta en escena, que a esta altura es resuelta y lapidante. “Pero, por otro lado, yo soy como un chaval nuevo aquí”, dice. “Llevo muchos años en esto, pero aquí no me han visto sobre un escenario, y yo sé que eso es lo que domino guay. Yo soy el nuevo para ustedes, entonces vuestra sensación va a ser nueva. Es la misma situación que llevo creando en España diez años, pero vosotros no la habéis visto nunca.”

Estudió artes escénicas y artes dramáticas, y trabajó en varias obras del Teatro Lírico Andaluz, en Malága, lo que en parte explica su extroversión, pero hace un par de temporadas que ya no actúa. Ahora Skone vive del freestyle, por ganar torneos o hacer batallas de exhibición pagas, y de lo que cobra como colaborador del programa de radio Anda Ya de los 40 Principales.

La chance de entrar a la internacional le llegó después de más de ocho años remando en el under español, y cuando todo indicaba que esta podría ser su última oportunidad. “Claro, no me ha venido con 18 años, que a lo mejor se me iba la perola y al año ya no quedaba nada”, continúa. “Ahora soy consciente de que esto es muy pasajero, y de que depende de mí que lo sea o no.”

Al parecer, ya se le pasó el malhumor que tenía más temprano esta mañana. “Yo nunca conocí a nadie que, en lo que hace, estuviera entre los mejores del mundo, ¡y ahora yo estoy entre los mejores del mundo!”, exclama. Era un poco raro verlo cabizbajo: acá, en Lima, se pasa todo el tiempo haciendo bromas con los demás competidores; es extrovertido y entrador. “La vida es levantarse todo el rato, porque hay gente que no tiene esa posibilidad”, dice. “Entonces, al final, creo que el conjunto de lo que soy es por cómo han sido mis padres y la historia que he vivido con mi hermano, y eso es lo que hace que yo nunca me venga abajo.”

Después de tanto tiempo compitiendo, Skone tiene su propia teoría del todo. “Yo creo que para ganar tienes que perder muchas veces, y tienes que saber perder”, dice. “Si tú le pierdes el miedo a perder…” Se detiene. “¡Dios, cuántos ‘perder’ en la misma frase!”

Vuelve a empezar, más despacio. “Si le pierdes el miedo a perder”, dice, “vas a acabar ganando”.

El último de los periodistas está terminando de despedirse de Arkano en la terraza y ya todos los gallos están abajo en la van, listos para ir a almorzar. “Mañana va a haber sangre de verdad”, me dice Skone, “va a ser muy tenso y a mí me mola mucho eso. Me parece muy vivo, tío. Muy de verdad. Así que a ver qué pasa…”. Instantáneamente, se corrige: “Bueno, a ver qué pasa no”, sigue, “porque voy a ganar yo”. Skone me mira a los ojos y remata con algo que es más para él que para mí: “Yo voy a ganar, ¿sabes? Ya te lo digo yo: voy a ganar”.

Después de decretar su victoria, me hace un último pedido. “Si no gano, no publiques esto. Si gano, tú publícalo”, dice, y suelta una risa que retumba en el gimnasio. “Pero si no gano, publica que todos somos iguales y que estoy contento de estar aquí.”

Lee aquí el primer capítulo de Ruido, Silencio

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